24.11.10

Porque amamos las mentiras...

Porque sin ellas no podríamos ser tan felices. Sería de lo más extraño un mundo en el que todos y todas dijéramos siempre la verdad. No sólo la verdad que creemos sino la Verdad. Me imagino una primera cita, en la que una persona le dijera a la otra: "Lo primero que me gustó de ti fue tu culo. En realidad no tienes mucho tema de conversación, dices puras tonterías, pero eres graciosa. Creo que quiero tener sexo contigo y luego no volverte a ver". Así, de entrada, no es lo más común ni lo que mucha gente esperaría escuchar de una cita aunque sería muy adecuado para un encuentro casual. Seríamos más honestxs, pero no sé si lo soportaríamos.

La gente cuando encuentra una pareja que la hace feliz, tiende a pensar que van a estar juntxs hasta la vejez, cuando las estadísticas nos muestran que la mitad se separan, y el cincuenta por ciento restante que siguen juntxs toda la vida, no son necesariamente felices. A veces continúan por inercia, por miedo, por no estar solxs, por culpa, por agradecimiento. Sería también raro si tu pareja te dijera: "no me gustas tanto como me gusta Fulanita, pero ella no me hizo caso nunca y tú sí" o "estoy contigo porque me quieres y porque me da miedo la soledad, no porque esté convencidx de que eres mi pareja ideal".

Si tuviéramos siempre presentes las probabilidades, viviríamos con miedo. Miedo a las bacterias del baño, miedo a morir así nada más, sin la promesa de una vida después de esta, miedo a ser violadxs, asaltadxs, cualquier cosa. Iríamos por ahí con un realismo abrumador, sabiendo que en cada segundo nuestro cuerpo produce células excesivas que pueden volverse un cáncer, sabiendo que esa mano que saludamos masturbó un pene diez minutos antes sin lavarse, que la mitad de los halagos que nos hacen no son sinceros, que hay gente que nos trata bien porque le conviene solamente, que a lo mejor somos menos inteligentes o bonitxs de lo que creemos (¿o lo más tal vez?), que alguna gente se ríe de nuestros chistes mientras piensa que somos imbéciles.

Yo no valoro a ese grado la verdad. Prefiero que mi novia me diga que siente que me va a querer siempre, a que me dijera algo como: "¿Sabes? La gente cambia, siempre cambia, así que yo no sé si en cinco años voy a ser la misma que te adora, o tú vas a seguir siendo la que cumple con todas mis expectativas. A lo mejor voy a terminar hartándome de que pierdes todo y hablas mucho, o simplemente me dejas de gustar un buen día. Nunca sabes a quién puedes conocer. Tal vez en dos años conozca a una mujer igual que tú pero sin problemas de atención. Igual te dejo de gustar, te empiezo a hartar, o cambias de proyecto de vida. Esas cosas pasan, vivamos el presente. Ahora te quiero y me gustas, pero en unos años no sé. Estadísticamente, es muy probable que terminemos separadas". Sería realista ¿o no? Pero me privaría de lo feliz que siento cuando me cuenta lo que quiere hacer conmigo durante su vida.

Porque muchas veces prometemos cosas sin saber de cierto si van a pasar o no. Muchas veces no está en nuestras manos, y lo odiamos. Quisiéramos controlar todo y garantizarnos una vida feliz. Quisiéramos creer que cuando nos dicen cosas buenas son totalmente honestas. Lo peor es que a veces sí lo son, pero no son verdad.

Concluí, después de pensar sobre el tema, que es mejor poner atención al presente y poner todo lo que en mí esté para que las cosas salgan bien en el futuro. Seguir con mentiras piadosas cuando mi amiga que hace años no veo me pregunta que si me cae bien su esposo o cuando alguien me pregunta si noté que bajó de peso y yo ni cuenta. Y con la gente que me importa, está bien ser más honesta. A fin de cuentas, es la gente a la que quiero.

7 comentarios:

Enrique dijo...

Preferimos la mentira para ser felices. No hay más explicación.

Constituye, como diría la psicoanalista Anna Freud, un mecanismo de defensa (es decir, un proceso psicológico que protege al individuo de la ansiedad y de la conciencia de amenazas o peligros externos o internos. Los mecanismos de defensa mediatizan la reacción del individuo ante los conflictos emocionales y ante las amenazas externas).

La mentira nos ayuda a evadirnos "del mundo" y formar "nuestro mundo", que es más bonito y más feliz.

Nos ayuda a vivir el día a día y no preocuparnos incesantemente por el futuro.

Pero más que mentiras yo creo que es más conveniente hablar de esperanzas.

Esperar poder vivir toda tu vida con tu pareja no es una mentira; es, simplemente, crear unas expectativas futuras que pueden o no pueden llegar a hacerse verídicas.

Mentira sería si tenemos toda la certeza de que algo malo va a ocurrir y, aun así, cerramos los ojos y miramos hacia otro lado. Pero no siempre sabemos las cosas; muchas veces no nos cabe más que esperar...

Mentira sería pensar que si no me presento al examen voy a aprobarlo. Mentira sería pensar que si mi pareja muere mañana me casaré con ella. Mentira sería pensar que si me mantengo un año sin comer no falleceré por hambre.

Sin embargo... puedes esperar vivir hasta el final de tus días con tu pareja, puedes esperar que en el examen entren las preguntas que te has estudiado, puedes esperar aguantar un mes sin comer...

Ser Filosofista, hablas mucho de estadísticas. Con perdón, pero voy a decirte una verdad: las odio. No sirven más que para:

1- Conocer cosas que no somos capaces de conocer. Y esto es algo que sólo el 13 % de la población sabe. Jajajajajaja.

2- Agrupar y generalizar. Que la media de una muestra dé un resultado no significa que esa realidad le suceda a todo el mundo.
Por culpa de las estadísticas se favorece, entre otras cosas negativas, el sexismo (por ejemplo: los hombres pueden hacer esto y las mujeres lo otro => Esto sí que es mentira). Por culpa de las estadísticas hay gente que muere por enfermedades que jamás serán estudiadas.

Y, además, que algo sea improbable es, por definición, probable. Porque una cosa es improbable... y otra cosa es imposible.

Admitir algo imposible es vivir en la mentira.
Pero al hecho de admitir algo improbable... se le llama esperanza.

Besos.

Ministry of Silly Walks dijo...

Y a veces sabemos que decimos la verdad y nos dicen la verdad pero por dentro preferimos seguir oyendo la misma mentira.
Ya nos lameremos las heridas cuando haya que hacerlo.

Ser Filosofista dijo...

Enrique, eres un romántico incurable ¿cierto?

La mentira reside en prometer algo que no sabemos a ciencia cierta si se va a cumplir, y eso es independiente de tener esperanza de que se cumpla. Te concedo un punto: improbable no es imposible. Tengo que ponerle remedio a ese fatalismo mío.

Ministry, qué bonita frase, de verdad.

Enrique dijo...

Querida Ser Filosofista:

Me comentas que soy un romántico incurable. Sinceramente, me gustaría que me explicases por qué lo dices. No porque niegue serlo; sino porque tampoco soy capaz de afirmarlo. No entiendo por qué lo dices; es decir, no "me veo". Jeje.

Bueno, a lo que quería ir.

Dices: "La mentira reside en prometer algo que no sabemos a ciencia cierta si se va a cumplir, y eso es independiente de tener esperanza de que se cumpla".

Estoy de acuerdo contigo... Pero (sí, el famoso pero, que conviente en una mentira la frase anterior, porque si hay un pero, ya no estoy de acuerdo contigo realmente, jajajaja); pero añadiría algo:

Si esa "mentira" se cumple, entonces deja de ser mentira. Puede ser una mentira en potencia... pero no llegar a serlo realmente.

Ahora bien, cierto es, no voy a negártelo, que lo suyo sería no ir a tientas, y decir las verdades seguras.

Besos.

Ser Filosofista dijo...

Enrique:

Te digo que eres un romántico por tu forma de escribir. Nada más. Y sí, tienes razón, las promesas son mentiras en potencia.

Pero vamos, a veces de verdad nos engañamos porque duele menos. Casi nadie piensa en la muerte, cuando es algo certero en nuestra vida.

Me gustan tus opiniones. Saludos.

Maboroshi dijo...

"Conocer cosas que no somos capaces de conocer. Y esto es algo que sólo el 13 % de la población sabe. Jajajajajaja"
XDDDDDDDDDDDDDDD
Eso fue mortal xD

Pero es muy cierto lo que dice Enrique, las estadísticas están ahi para avasallar al individuo y para meter a todas las personas en sacos etiquetables. Son horribles. Forman parte de ese espíritu metódico que quiere encapsular el comportamiento humano en etiquetas bein separables, y entenderle como ratas de laboratorio, generalizar teorías y demás para aplicarla a TODOS los seres humanos, y no. Sin embargo, es una cosa que Ser suele hacer mucho, por más que luego planteamos el tema y siempre termina en una dicotomía.
supongo que la instrucción profesional hace que uno termine pensando que todo es calsificable, que todo es generalizable y demás. Y justamente ESO no es posible con el comportamiento humano y con las personas.

Y no, no es que todo el mundo prefiera mentiras. No. Es cuestión de personalidades. Es cuestión de esencia personal. Hay gente que sí le gusta que le digan que le amarán por siempre, y hay otra que prefiere que le digan " mira, por ahora, me gustas, veremos luego que pasa" (soy de las personas que prefieren la brutal sinceridad a la mentira, y de igual forma digo brutalmente la verdad si me piden opinión, así que la generalización teórica fue abolida por el contraejemplo :P )

Pero el punto es que existen ciertas personas que les gusta más la evasión de una verdad que la verdad misma. Duele menos, o lo que sea,(a mi me duele menos saber la verdad de antemano que descubrir que me mintieron, mil veces me duele mas la mentira) pero la prefieren. Hay gente que piensa mucho en la muerte, el asunto es que al ser inevitable, tarde o temprano concluyes que no tiene sentido perder más tiempo pensando en algo inevitable y puedes simplemente resignarte y vivir inertemente o al estilo más unamunesco, crear y eternizarte en tus acciones, vivir plenamente para mostrar que la muerte es una terribel injusticia. Pero entre la muerte y una promesa de amor eterno, está la diferencia entre improbable e imposible. Capaz vivir hasta el fin de tus días con tu pareja puede ser improbable, pero no es imposible, como decía Enrique. Escapar de la muerte es imposible, no improbable.
El ejemplo es muy tajante.

Saludos

Ser Filosofista dijo...

Hola Mabo. Sería genial (creo) que una de las dos fuera poseedora de la verdad absoluta y llegara alegremente a ilustrar a la otra.

Mientras tanto me conformaré con este intercambio de puntuaciones posiblemente sin correlato en la realidad independiente de nuestra percepción, suponiendo que tal cosa exista.

No sé a cuál entrada de Enrique te refieres, si me haces la aclaración te busco el vínculo.

Saludos.