jueves 26 de noviembre de 2009

Sobre ayer, 25 de noviembre.

Para que quede bien claro qué es violencia contra las mujeres:

- Hacernos ver como objetos sexuales.
- Explotarnos laboralmente, y eso incluye pagarnos menos por el mismo trabajo, no dejarnos subir a puestos importantes, no reconocer el trabajo doméstico, no remunerar el trabajo doméstico, no permitirles trabajar fuera de casa, ya sea a la fuerza o por medio de convencionalismos sociales o chantaje.
- Hacerlas responsables en la mayor parte, cuando no absolutamente, de la crianza de hijos e hijas.
- Culparlas, después de haberlas orillado a ser las únicas responsables de la crianza, de que eduquen a sus hijos e hijas con ideas machistas, para terminar diciendo que son las madres las culpables del patriarcado.
- Esperar que tengan hijos e hijas, como si fuera la única forma de realización de una mujer.
- Reducirlas a un mero útero con la obligación de gestar, parir y a veces criar, un hijo o hija que no querían. Obligarlas a ser madres.
- Esperar que nos sintamos objetos sexuales, y que estemos siempre jóvenes, delgadas y fuertes para ser valoradas.
- No reconocer como mujer a aquellas que nacieron en un cuerpo masculino, aun después de que ellas se presentan como mujeres.
- Hacer uso de la prostitución femenina y la pornografía.
- Explotar sexualmente a las mujeres trans.
- Acosarnos sexualmente en el ámbito público y privado.
- No dar derechos iguales a las mujeres trans, lesbianas y bisexuales, que a las heterosexuales.
- Negar el acceso a la educación formal a las mujeres.
- Usar lenguaje machista. Suponer que al decir "el hombre" se está englobando a toda la humanidad. Decir puta cuando se quiere ofender a una mujer, y decir hijo de puta para ofender a un hombre. Parte de esta bronca, es usar "puta" como sinónimo de mujer sumamente denigrada, cuando la mayoría de las putas lo son en función de la necesidad económica propia, o son víctimas de la trata de personas, y la explotación masculina. Hacer uso de la prostitución femenina es un crimen que cometen los hombres que las explotan, no de ellas por serlo. Es injusto que la sociedad las presione a vender su cuerpo, y después se les ofenda y menosprecie por ello.
- Que los sistemas de justicia tengan sesgos machistas. Que no se obligue a un padre a hacerse responsable como mínimo, económicamente de sus hijas e hijos, con el pretexto de que no están reconocidas y reconocidos. Y cuando se hace un juicio de paternidad, que sea la mujer la que tiene que pagar por el peritaje genético.
- Que se critique a las mujeres que no se apegan al estereotipo de género.
- Que se hable de las indígenas como si su única vulnerabilidad fuera la pobreza y el ser indígenas, olvidándose de que ser mujeres también las hace vulnerables. Lo mismo para otros grupos de mujeres con otros rasgos que las hacen vulnerables, como las mujeres con impedimentos físicos e intelectuales, las mujeres marginadas, las prostitutas, las ancianas, las niñas, las pobres, las refugiadas, las desplazadas, las exiliadas, las amas de casa sin independencia económica, las transgénero, las transexuales, las lesbianas, las de razas vulnerables como la negra y la hispana, las de minorías religiosas o ateas, las que sus cuerpos no se corresponden con el ideal estético europeo, las que no tienen educación formal y/o analfabetas, las desempleadas, las aterrorizadas, las que terminaron pensando de una forma machista gracias a la sociedad que las educó así, las que desconocen sus derechos, las que no hablan el idioma predominante en su país, y todas las que se me pueden estar pasando.

Hay miles de formas de violentar a una mujer. No sólo ayer, sino todos los días de nuestra vida, tenemos que comprometernos con no violentarnos a nosotras mismas, con tratar por todos nuestros medios de ser menos vulnerables, menos violentables. Y comprometernos con no violentar a otras mujeres.

Vivamos con sororidad. Como dijo la bellísima Marcela Lagarde:

“La alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan (podamos) desplegar nuevas posibilidades de vida”.

domingo 8 de noviembre de 2009

Género y transexualidad.

Hoy platicaba con una amiga transexual, y tuvimos una larga conversación que nos dejó pensando a ambas. Yo le decía que el género es una construcción social que te imponen enseñan desde que eres niña (o niño, claro). Ella decía que es algo con lo que se nace, algo biológico. Porque ella cuando nació era hombre, pero no tardó mucho en darse cuenta de que se sentía mujer. Y cuando me cuenta lo que para ella es ser mujer, está hablando del género. No es exactamente que se sienta hembra de nuestra especie, sino mujer. Ella quería dejarse el cabello largo y pintarse las uñas.

Entonces tuvimos un acalorado debate sobre si el género es biológico o social. Yo digo que es social, construido en base al sexo biológico. Ella dice que es algo que está en nuestros cerebros, y que hay un síndrome, de Henry Benjamin si mal no recuerdo, que se manifiesta porque el sexo de tu cerebro no coincide con tu genotipo y fenotipo. La verdad que no sé gran cosa de genética, no sé si tener XY debería determinar que tengas un cerebro masculino. El caso es que ella supone que nació con un cerebro de mujer, que le dictaba que tenía que seguir el estereotipo de género femenino.

Y yo le alegaba que no, porque por ejemplo yo no nací queriendo ser hombre o mujer, y la verdad es que no cumplo con ninguno de los dos estereotipos. Digamos que tiendo ligeramente hacia la androginia. Pero entonces ella dijo que mi cerebro es andrógino.

Por un lado ella quería que se demostrara su hipótesis, porque así la gente entendería que ella nació mujer, y su cuerpo estaba equivocado. Así no tendría problemas como los que ha tenido para la reasignación de sexo. Pero a mi se me haría un poco triste, porque significaría que mi lucha para erradicar los estereotipos de género, que tanto nos han jodido a las mujeres, en realidad son parte de nuestra naturaleza, y no tendría sentido luchar contra ellos. Esencialismo puro.

Total, que luego de mucho debatir, llegamos a la conclusión de que el género es una construcción social, pero que ella nació con cerebro de hembra, y que supuso, como cualquier mujer, que tenía que asumir el estereotipo femenino. Eso nos dejó un poco más tranquilas a ambas, pero pensando. Pensando mucho, y hablando también de que una cosa es querer pintarse las uñas, y otra verte un pene donde no deberías tener uno. Eso, señoras y señores, seguro es insoportable. Así que somos las primeras en apoyar que se hagan las cirugías de "reasignación de sexo", como todavía le llaman en México, a la voz de ya.

lunes 2 de noviembre de 2009

Caballerosidad.

Glick y Fiske (1996) tienen un inventario de sexismo ambivalente, en el que miden qué tan sexista es una persona, desde dos puntos de vista: el hostil, que es el que conocemos normalmente como machismo, y el benevolente, que es el que conocemos como caballerosidad.

A mi ambos me molestan. Y un montón de gente me ha dicho que soy demasiado feminista por estar en contra de la "caballerosidad". Pero es que si lo analizamos en profundidad, la caballerosidad implica que la mujer es más débil, tanto, que necesita que alguien abra la puerta por ello.

Me ha tocado escuchar a muchos hombres, quejándose amargamente de que pedimos igualdad, pero queremos que sigan cediéndonos el lugar en el transporte público, y yo creo que tienen razón. Igualdad es igualdad, y hay que asumirla en todas sus formas.

Yo en particular, cedería mi asiento a cualquier mujer embarazada, pero no es porque sea mujer, sino porque para ella representa más cansancio estar parada. Lo mismo con la gente anciana, o con algún problema físico. Pero es amabilidad y cortesía, no caballerosidad. La caballerosidad implica una forma de sexismo más sutil, tanto que muchas quisieran que se mantuviera a lo largo de los siglos.

Pero yo abogo por la igualdad y la equidad, y éstas implican que yo no esté esperando que los hombres me traten como una inútil que necesita protección extra para cruzar un charco en la calle.

Entiendo que las mujeres estamos en una posición social vulnerable. Por ejemplo, la inmensa mayoría de las personas violadas, son mujeres. En ese sentido, entiendo que necesitamos una protección distinta. Pensar en eso es tener perspectiva de género, actuar en base a una realidad que nos guste o no, existe en nuestra cultura patriarcal y machista. Este tipo de problemas no se van a resolver con la caballerosidad. En realidad, resulta más que innecesaria, estorbosa para la equidad.

viernes 30 de octubre de 2009

Salir del clóset.

Esta sociedad en la que yo vivo, da por hecho muchas cosas. Da por hecho que tod@s somos heterosexuales y católicas. Así pues, yo y un montón de gente más, nos la pasamos saliendo del clóset cada vez que conocemos a alguien, porque de entrada dan por hecho que nos gusta el otro sexo y que creemos en Dios, por no decir que somos católic@s.

Cada vez que conozco a alguien, llega un momento en que sale el tema, y si siento que no me va fastidiar que lo sepa, sale la consabida confesión: soy atea, y me gustan las mujeres. Trato de no hacer ambas confesiones a la vez para no provocar un infarto. Y a la fecha, no sé cuál de las dos confesiones causa más incomodidad en la gente.

En general, a las mujeres les incomoda un poco más que me gusten las mujeres. Hay una creencia al parecer generalizada entre las mujeres heterosexuales, que las lesbianas y bisexuales queremos acostarnos con cuanta mujer se nos ponga enfrente, y que además somos agresivas para conquistar. Como si las fuéramos a violar. Y entonces hacen sus comentarios del tipo: "uy, qué miedo, una lesbiana". Como si no supieran que más del 90% de los abusos sexuales y violaciones son cometidas por hombres. Y a los hombres no les incomoda tanto, si eres lesbiana, piensan en ti como un reto y sueltan su: "dame la oportunidad y yo te lo quito". Si eres bisexual, piensan que eres una ninfómana que está siempre lista para hacer un trío entre él y otra mujer. Como si por ser bisexual no concibieras el sexo más que de tres en tres.

Otra cosa que me he dado cuenta, al menos en mi limitada experiencia, es que socialmente ya está un poco más mal vista la homofobia, entonces aunque la gente sea homofóbica, en general su discurso será del tipo: "está bien, yo los respeto mucho". La mayoría de alguna forma sólo lo medio aceptan. Casi que lo que quieren decir, es que no son hostiles con la gente gay, pero no están muy a favor de las uniones legales entre dos personas del mismo sexo y ni mencionar la adopción.

Por otro lado, el ateísmo es casi un cáncer para ell@s. Ahí si, abiertamente te dicen barbaridad y media. Ahí si se acepta socialmente ser hostil. Y esta confesión me cuesta más trabajo, porque cada vez que la hago sé que me estoy arriesgando a terminar sermoneada, o metida en un debate acalorado que no llegará a nada.

Por reacciones como esas, a veces nos quedamos en el clóset.

sábado 24 de octubre de 2009

Religión y machismo.

No puedo evitar relacionar la religión con el machismo. Y sí, también hay gente atea y machista, y también hay gente religiosa y muy poco machista. Pero en general he notado una tendencia de las iglesias predominantes en mi país, a poner a la mujer en un papel de absoluta desventaja.

Basta ver este tipo de páginas para darnos cuenta de que efectivamente, a veces la religión y el machismo van de la mano:

http://www.jesus-is-savior.com/Evils%20in%20America/Feminism/feminism_is_evil.htm

El feminismo es el origen de todos los males sociales, según esa página. Las mujeres que se quieren emparejar a los hombres, son como Satanás cuando quiso ser como Dios. Y vienen un montón de citas bíblicas descaradamente misóginas, así que no me vengan con que es cuestión de interpretación.

Ciertamente hay grupos como las Católicas por el derecho a decidir, que son feministas. Pero me pregunto si la iglesia católica las reconoce como católicas (valga la redundancia) porque hasta donde me quedé, están oficialmente excomulgadas todas las personas que aprueben el aborto.

viernes 23 de octubre de 2009

Feminismo/Hembrismo.

Estoy harta de que la gente no entienda qué es el feminismo. Supongo que como todo, toma tiempo socializarlo y que la gente empiece a entender que el feminismo es una lucha por la equidad y la igualdad entre hombres y mujeres (¿entre machos y hembras de nuestra especie?), y no ganas de exterminar a los hombres, ni de voltear los papeles que se nos han asignado socialmente en este sistema patriarcal.

Me salen con sus comentarios de que el feminismo es la antitesis del machismo. No me enteré en qué momento la palabra fémina se hizo un antónimo de macho. Y en particular me molesta que las personas que jamás en la vida han leído algo sobre feminismo, anden opinando como si fueran expertas en el tema, criticando cosas y actitudes supuestamente feministas, que en realidad son hembristas. En realidad su crítica es hacia el hembrismo, pero le llaman feminismo.

A veces me da risa cuando leo a algunas mujeres que dicen que dicen odiar el feminismo, sin darse cuenta que ellas tienen la oportunidad de escribir gracias al feminismo. Si no hubiera existido el feminismo, no sabrían leer, y se limitarían a estar en sus casas haciéndola de esclavas. Y ni qué decir de los hombres que critican el feminismo. De alguna forma los entiendo un poco más... porque vamos, ellos están comodísimos con el lugar que se les ha asignado.

Pero entiendo a esas mujeres. No entienden qué es feminismo, y no tienen noción de todo lo que le debemos a los movimientos feministas que nos preceden, porque la información que hay al respecto no está muy socializada ni es accesible para todas. Quisiera que supieran que los derechos que se nos respetan se los debemos al feminismo. A otras mujeres feministas. Y que los que aun no se nos respetan, somos las feministas las que luchamos por conseguirlos.

Y sí, a lo mejor a veces a las feministas de vez en cuando se nos sale algún comentario hembrista. Pero no son ni por accidente lo mismo, ni deben confundirse.

viernes 5 de junio de 2009

Superstición.

La superstición cumple un papel importante en nuestras vidas cuando no tenemos el control de las mismas. Nos da una falsa sensación de control, pero totalmente necesaria para no volvernos loc@s cuando no tenemos nada cerca que no sea la incertidumbre.

Las personas tienden en mayor medida al pensamiento mágico, entre más pérdida de control perciben en sus vidas. Por eso es tan común que la gente que se ve en situaciones estresantes donde poco o nada puede hacer por cambiarlas (por ejemplo, cuando recibe un diagnóstico de una enfermedad terminal) recurra a pseudociencias, sectas y religiones para buscar ayuda.

Cuando se conjuga el miedo, la incertidumbre, la ignorancia y la falta de control, se crea un campo de cultivo para que afloren todo tipo de visiones mitológicas. Señoras que ven a la Virgen María, niños que ven ángeles, niñas que ven duendes, señores que ven a Cristo. Y si no se tiene una mente despierta, autocontrol e inteligencia emocional, fácilmente podemos ser víctimas de una superstición más.

Nuesto bonito país, está constantemente sometido a la incertidumbre: cultural, política, financiera, ecológica. No sabemos ni a dónde vamos, ni de dónde carajo venimos, (aunque en la escuela nos dijeron más o menos de dónde). No es de sorprender entonces, que este sea uno de los países más católicos del mundo.

Lo que casi me mata de risa es que l@s mism@s católic@s hacen distinción entre ell@s y la gente supersticiosa.

En fin, creo que tenemos que cambiar nuestra actitud. Si queremos mejorar este mundo, tenemos que retomar el control de nuestras vidas y nuestro país para empezar, en lugar de perder el tiempo con supersticiones que nos dan una falsa y a todas luces estorbosa esperanza, creyendo en un dios que nunca existió.