8.3.17

Mi rotundo fracaso como feminista.

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Recibí varias felicitaciones por el día internacional de la mujer. Supongo que fracasé entonces como feminista, porque es gente cercana. O no tanto todavía, pero me estoy cansando y rindiendo de tanto topar con una pared. Parece que no hay nada que haga que la gente no feminista quiera dialogar sobre el tema y aprender. 

Hay un punto tierno, intermedio, en el que las personas son abiertas y están dispuestas a escuchar, a debatir. Busco a esa gente. Al resto no quiero hablarle más. 

26.11.16

Sobre Fidel Castro.

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 ¿Necesito citar fuentes fidedignas para sostener que nuestra naturaleza es egoísta? No me gusta tener una opinión tan carente de fundamentos, como la que tengo sobre Fidel Castro. Porque no he platicado con la gente que se refugió en otros países huyendo de su natal Cuba, pero sé que el señor no era un cúmulo de bondad. Dicen que cometió atrocidades, pero también me constan las campañas de desprestigio que nos pueden hacer creer que quienes mueven las revoluciones son pésimas personas, así que no tengo idea de cuánto de lo que se dice de él es cierto y cuánto es falso.  Es estéril la discusión que intente definirlo como alguien bueno o malo, por no decir pueril.

Lo que Castro nos enseñó con la revolución fue que es posible, pero también que contra la egoísta naturaleza humana el comunismo no puede ejercerse, y que la libertad de expresión, la vida y la libertad son precios que no se tenían que pagar por sostener un sistema político si se pretendía con él conseguir para el pueblo una vida diga. Me gusta la parte donde inspira a otros líderes que trajeron libertad a sus pueblos, me disgusta demasiado cuando inspiró a otros a ser unos tiranos o a sumir a sus países en una pobreza desesperada. No debió limitarse a alfabetizar, debió enseñar con su ejemplo, como líder que era, a compartir y a poner el bienestar social por encima del enriquecimiento personal.  

Me conmueve su muerte, me hacer hurgar de nuevo en mi mente en la búsqueda de algo que pueda cambiar un poco el mundo y evitar tanta injusticia, desterrar la pobreza y acabar con el hambre. Pero no tengo el carisma para liderar a nadie, y soy mala haciendo cualquier cosa otra que incomodar a las personas a mi alrededor. Me pesa no tener su coraje y determinación. Lo único que tengo es la escritura, y deja demasiado que desear. Se me hace estúpido querer borrar la historia y fingir que era un mesías libre de errores, o lo contrario, describirlo entero en función de la tiranía e ignorar lo que hizo por Cuba.

No puedo juzgarlo. Vengo de un país donde hay miles de clases. La clase pobre, la clase-género donde a las mujeres se nos mata y encima se nos juzga como culpables, la clase indígena, la clase que carece de todos los privilegios posibles. Y me contaron que eso no pasa en Cuba. Pero también me contaron que la gente tiene hambre, que a la gente le han matado familiares porque según Castro su opinión pone en riesgo la demoscracia. Me contaron que si bien el abismo entre clases no era tan severo como en México, las clases sociales existen y la gente lo sabe.

Aplaudo sus ideales revolucionarios y repruebo muchos de sus métodos. Me conmueve su muerte, porque es el padre de una de las revoluciones que más me han asombrado e inspirado, pero no está en ningún altar. Nunca ha estado.

15.11.16

Me duele la indiferencia.

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Ahora que ganó Trump como presidente de un país donde vive muchísima de mi gente, tengo miedo. Miedo por mis amigxs y mi familia. Miedo por toda la gente de las comunidades que el tipo ese ha amenazado directamente, por la gente latina, musulmana, por la comunidad LGBTI+, tanto la que está de forma ilegal en ese país como la que no.

A un día de anunciada su presidencia, la gente empezó a agredir a lxs migrantes de muchas formas. El KKK anunció un desfile, y yo estoy paralizada. No tengo idea de qué hacer, y sé que el silencio es lo que permite que la maldad haga de las suyas, así que no puedo quedarme callada, pero tampoco siento que pueda hacer gran cosa. Es como querer no hacer ruido cuando estás sola en tu casa y entró un desconocido con un arma. Te quieres defender, pero no quieres hacer ruido. Es difícil de explicar. Y duele.

Hay un tipo que conocí hace unos meses, con el que hasta hace unos días había estado conversando. Como cualquiera, cree que la libertad de expresión como derecho constitucional le da libertad de andar etiquetando a la gente, y a mí me puso la de "intensa", y en algún momento quise darle una segunda pensada. Si no escucho no aprendo, así que intenté relajarme y pensar qué mierdas era eso. Significaba algo así como que me tomo todo demasiado en serio. Pensé entonces en lo anormal y desadaptativa de mi respuesta frente al triunfo de Trump. No estaba sólo asustada, sino severamente encabronada con la gente que no ha expresado abiertamente un desacuerdo. La gente que siguió publicando sus salidas y fiestas en Facebook y en Twitter, y que no se tomó tiempo para publicar una muestra de rechazo al futuro presidente, o solidaridad a quienes tiene ahora muertxs de miedo.

Estoy demasiado enojada. Tal vez soy demasiado sensible. Ya lo sé y siempre lo he sabido. Pero es desadaptativo, de verdad, y me está enloqueciendo. Me duele la indiferencia porque es la que nos va a llevar a la mierda como especie.

Antes de esto, me enfermaba (y todavía) toda la gente que jamás abre la boca para decir algo sobre feminismo si no es una crítica o inconformidad. Que obviamente no es una crítica constructiva sino un intento de descalificar el feminismo o a las feministas con fundamento en una falacia. A veces quiero bajarme del mundo, cual Mafalda, porque ven que nos están matando y no les importa. Así que sí, creo que soy bastante intensa. Y no sólo eso: me asquea la tibieza de quienes no hablan siquiera sobre las injusticias del mundo, me asquea su indiferencia y su poca empatía.

Pero cuando se lxs esté llevando la chingada ahí voy a estar, porque no tolero bien el sufrimiento ajeno. En ratos quisiera que a todo mundo le pegara aunque sea una vez directamente la injusticia, a ver si con eso se ablandan sus horrendos corazones de piedra, y sí, estoy enojada. Ojalá no me habitúe. Ojalá nunca me resigne.