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¿Por qué nos atraen las personas violentas?

Esta es la primera de la serie de escritos sobre mi experiencia como víctima de violencia. Lo hago con la intención de re-contarme la historia que me he contado hasta ahora desde una perspectiva más compasiva, porque sé que la historias que me había contado hasta hoy ha sido injusta. Quiero que estos años que han pasado sirvan de algo :) * * * * * Cuando nos dan el consejo de dejar a la persona que nos maltrata, hablan de ella como si fuera una zanahoria pudriéndose al fondo del refrigerador. Como si no fuera una persona a la que como mínimo, nos sentíamos atraídas, y que en muchos casos es difícil dejar no por amor, sino por terror. Para entender por qué entramoso y nos mantenemos por mucho tiempo dentro de relaciones donde nos maltratan, hay que entender la globalidad de la relación, en lugar de reducir a la persona violenta sólo a su violencia. Por eso quiero empezar contado el lado positivo de las dos personas que fueron violentas conmigo. Voy a llamarlas Uno y Dos, respetando el o
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Reflexiones sobre relaciones de pareja con personas violentas

Casi una década después de terminar la última de dos relaciones de pareja en las que fui víctima de violencia, me siento lista para escribir sobre mi experiencia. Las dos fueron relaciones muy diferentes, una más difícil de catalogar como violencia que la otra, por razones que contaré luego. Pretendo escribir una serie de entradas relatando diferentes aspectos de estas relaciones. Compartiré experiencias que van desde haberme sentido en un juicio de la edad media todos los días, hasta pensamientos controversiales que he tenido sobre por qué toleramos relaciones de ese tipo. Y no, no es sólo amor. Al menos no en mi experiencia.  Todas las violencias que sufrí en su momento con las dos personas de las que hablaré más adelante, cobraron un sentido nuevo ahora que tengo una relación saludable, y también voy a escribir un poco sobre eso. Cuando se vive violencia a lo grande, los pequeños actos de violencia se viven como detalles sin consecuencia. Estar en una relación donde se puede hablar

Sobre el perdón y el enojo enmohecido

Mi bisabuela tenía 107 años el día que se murió. Antes de eso le preguntaban cómo hacía para vivir tantos años, y contestaba: "no guardo un agravio por más de tres días". Después, ya a solas con sus bisnietas y bisnietos, nos decía que sepa la chingada por qué estaba viviendo tanto, que tal vez se le había olvidado a Dios. Me parecía ver miedo en su cara, pero nunca he sido buena para interpretar gestos así que puedo estar equivocada. Decía que si bien no sabía por qué estaba viviendo tanto, era cierto que no valía la pena guardar rencores. He pensado mucho sobre eso últimamente, porque tengo la impresión de que hay demasiado enojo en el ambiente. Las injusticias a las que han sido sometidos los grupos vulnerables son razón más que suficiente para estar enojada. Entiendo el enojo que sentimos las mujeres que no podemos salir a la calle tranquilamente sin que un hombre nos joda el día o la vida. Pero también estoy cansada de tanto enojo.  Siempre he sido este cúmulo de contrad

Generación de cristal

La señora con la que estaba hablando del tema dice que el problema de las nuevas generaciones se ofenden por lo que sea. Dice que "en sus tiempos" eso no pasaba, que la gente aguantaba más porque tenían la vida más difícil y eso te hace priorizar y no perder el tiempo ofendiéndote por nimiedades. Me da demasiada curiosidad de dónde sacarán esa información. Es como un análisis social sobre toda una generación a la que pertenecen personas terriblemente diferentes entre sí. ¿Cómo las clasifican a todas de un madrazo en un par de características de personalidad? Mi formación como neuropsicóloga me permite explicarles que hay una parte del cerebro que pone a la gente bien a la defensiva y si les dices: "eh, Luis, me gustan mucho las peras", las puedes hacer enfurecer. Pero esas personas tienen siglos existiendo. Así que la señora definitivamente no se refiere a la parte del cerebro que pone a la gente bien a la defensiva.  Dice que ya no les puedes decir nada porque se e

¿La felicidad del martes?

O es que se volvió otoño y cuando hay otoño en el aire las cosas cambian. ¿Nos gusta a todas los casi finales? Los jueves, las 7 de la tarde, octubre, el morado. A lo mejor es que estábamos hartas del año porque ha sido difícil y de pérdidas y muertes y muchísima confusión, pero octubre es como el inicio del fin y queremos creer que el desmadre se va a componer cuando se acabe el año. Porque así somos las personas. Tontas. Estos días he estado demasiado consciente de lo afortunada que soy de vivir en una ciudad tan, tan bonita. De que siempre esté nublado y cuando hace sol es inofensivo. Casi todo me parece fácil y bonito. Tal vez es Hannah y vivir con ella. Estar enamorada. Que me paguen por jugar todo el día, prácticamente. Estar rodeada de personas brillantes, capaces de tener conversaciones con muchos matices y casi ningún dogma. Era todo lo que quería, por lo que escapé del rancho horrendo ese donde vivía. * * * * *  El rancho horrible donde vivía tiene las lluvias de verano más h

La incomodidad del domingo

No puedo concentrarme y me dicen que es normal porque estoy en el último año del doctorado. Mi terapeuta dijo que era porque así se siente cualquiera con la pandemia. También dicen que es porque tengo problemas de concentración, pero sé que es algo más que eso.  Me han contado que los domingos la gente tiende a sentirse triste, sobre todo cuando no tienen pareja o amistades con planes atractivos que igual van a rechazar. No me ha pasado los domingo porque todos los días se me hace idénticos. Estoy tan desorganizada y con la mente en todas partes que me despierto siempre a la misma hora y me duermo después de horas de intentarlo. Me está costando demasiado trabajo escribir. Perdí el apetito, y menos mal porque ya no me queda la ropa. Perdí las ganas de todo, y las ganas de que me den ganas. Todo me sabe a cera, y a veces siento que voy a llorar sin entender el motivo. No puedo llorar aunque quisiera. No estoy triste. La verdad es que no sé qué siento. ¿Será lo mismo que siente la gente

¿Y cómo podría cuestionarme todo?

He regresado muchas veces a lo que escribí hace años, y la mitad de las veces me desconozco. Yo sé que es saludable cuestionarnos todo, y porque creo que es la única forma de crecer, se me hace necesario cuestionar nuestras propias creencias. Encontré por ahí una entrada de este blog que habla de Richard Dawkins. No tengo idea qué edad tendría cuando lo escribí, pero estaba muy fascinada con él. Supongo que porque habiendo crecido en un pueblo católico horrible, se me hacía maravilloso que alguien desafiara al poder que en mi mentecita, representaba la iglesia católica. Pasaron demasiados años, y me tocó ver de cerca la islamofobia que gente como él atiza con sus discursos. Para una pequeña mexicana viviendo en un horrendo rancho católico, Dawkins era un héroe. Para todas mis amistades musulmanas, el señor no hace otra cosa que alimentar el discurso conservador que dice que es el islam el causante de muchos problemas que enfrenta la gente europea (la gente blanca, supongo). No h