31.5.19

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Ese grupo de personas que siempre comenta en línea con críticas y odio y desinformación y faltas de ortografía, debería tener un nombre. No hablo de trolls, sino de esas personas que suelen escribir horribe, comentarios horribles.

A ese grupo pertenecen los hombres que opinan que el aborto es un asesinato. Que las mujeres se buscan ser violadas y asesinadas. Que la gente pobre es pobre porque quiere. ¿Cómo se llaman?

A los 5 minutos de que se publica cualquier noticia digital, ese grupo asqueroso hace de las suyas y llena de idioteces la sección de comentarios. Ese fenómeno fastidioso debería tener un nombre, y yo ya debería estar pero que si bien acostumbrada. Pero no. Todavía hago berrinches :(

11.1.19

Frustraciones enanas de escritora que nunca ha escrito.

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Oposición es lo que he encontrado cuando trato de explicar la frustración que me da no encontrar las palabras adecuadas. Me dicen que escribo bien, que soy súper inteligente, que les encanta leerme, que tengo un vocabulario más amplio que cualquiera que conozcan. No me interesa si realmente creen eso, ni tampoco si es cierto o no. No me sirve. Me sé limitada por mi escaso vocabulario. Estoy atada de manos, porque ya probé todas las estrategias que existen y ninguna me funcionó. Leo más que prácticamente toda la gente que conozco, con perdón de dos o tres personas. Pero no escribo, pero ¿de verdad escribir haría alguna diferencia? ¿Por arte de magia voy a tener las palabras que no tenía si escribo la misma historia un día después? Tal vez. Porque una palabrita suelta como hoja que cae de un árbol podría aterrizar en mi cabeza si casualmente paso por debajo en el segundo que se desprende. Dicho de otra forma, porque puede llegar a mí la palabra adecuada, y no voy a saber aprehenderla si no la necesito. Si es inútil se desecha. Y ninguna palabra es tan útil como cuando se le sabe única por su precisión.

Me dijo la psicóloga que mi problema era que utilizo a la gente como caja de resonancia. No me interesa lo que tengan qué decir, porque son mínimas las ocasiones en las que alguien reta mis pensamientos. Quiero hablar sobre la frustración que me produce tener un vocabulario exiguo. (Me encantó esa frase, no. La odié). Invariablemente, la respuesta consiste en consejos imposibles de aplicar, o que ya he tratado sin éxito antes, argumentos debilísimos en contra del pensamiento que me genera frustración (que mi vocabulario es limitado),  y con muestras de simpatía de gente que cree que le pasa lo mismo.

Los consejos no me han servido porque son siempre los mismos. Hay que leer más. Escribir hasta sangrar. Darse una pausa.

Los argumentos en contra de mi creencia de que mi vocabulario es escaso son siempre débiles. Después de un intento de discusión termina la gente por darme la razón. Me daría igual si no fuera por la pérdida de tiempo que fue explicarles cómo me sentía para llegar al mismo punto en el que estaba, sólo que un poco más vieja y más harta.

La empatía tampoco me sirve. Soy un monstruo y no me interesa si a alguien más le pasa lo mismo, salvo que haya logrado resolverlo, y a la fecha no me encontrado con tal persona.

Me acordé entonces que tenía este blog. Así que en lugar de perder el tiempo comentándolo con gente que me va a hacer mi tiempo, me voy a poner a escribir. A ver si me cae una hojita y la agarro a tiempo.

22.10.18

¿Es la felicidad un estado permanente?

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Es terrible no haber estudiado filosofía. Me hago preguntas que seguro fueron resueltas siglos antes de que naciera. ¿La pregunta sobre la diferencia entre dicha, felicidad y contento es de naturaleza semántica? ¿Me estoy haciendo tonta cuando digo que de verdad no la entiendo?

Admito que he tenido una vida muy privilegiada. Estar tan consciente de ella me hace de alguna forma, feliz. O eso creo. Tengo dos semanas dándole vueltas como loca al asunto. Para estar donde estoy, tuve que renunciar a cosas que contribuían a mi felicidad anterior. Dicho de otra forma, era infeliz y para ser feliz, tuve que renunciar a las pocas cosas que antes componían mi felicidad.

No sé por qué evadí por años la tristeza. A nadie le encanta, es claro. No significa que todo mundo sea tan incapaz e inmadura como yo para estar bien con ella. Así, tranquila, sentada en una silla en un laboratorio frío como la chingada. No soy infeliz en general, es sólo este estado que me estorba de una tristecita bebé que me hace cargarla y cansa, pero no es pesada como para romperme en pedazos que alguien pueda entretenerse recogiendo.

Como el jodido día, que está nublado pero no va a llover. Porque nunca llueve. Este estado es pasajero, producto de una combinación de factores biológicos. Maldita evolución, no hay nada más interesante que ella en este mundo. Eso y la memoria.

Frío de mierda. Quiero que se acabe este día y dormir desde las 7 de la tarde, de modo que mañana pueda despertar a las 5 para trabajar sin que nadie me estorbe. Debí estudiar filosofía. O biología.

Eso, es eso. Es el arrepentimiento y el eterno sentimiento de saberme inadecuada, lo que me tiene tan ansiosa.