15.11.16

Me duele la indiferencia.

Ahora que ganó Trump como presidente de un país donde vive muchísima de mi gente, tengo miedo. Miedo por mis amigxs y mi familia. Miedo por toda la gente de las comunidades que el tipo ese ha amenazado directamente, por la gente latina, musulmana, por la comunidad LGBTI+, tanto la que está de forma ilegal en ese país como la que no.

A un día de anunciada su presidencia, la gente empezó a agredir a lxs migrantes de muchas formas. El KKK anunció un desfile, y yo estoy paralizada. No tengo idea de qué hacer, y sé que el silencio es lo que permite que la maldad haga de las suyas, así que no puedo quedarme callada, pero tampoco siento que pueda hacer gran cosa. Es como querer no hacer ruido cuando estás sola en tu casa y entró un desconocido con un arma. Te quieres defender, pero no quieres hacer ruido. Es difícil de explicar. Y duele.

Hay un tipo que conocí hace unos meses, con el que hasta hace unos días había estado conversando. Como cualquiera, cree que la libertad de expresión como derecho constitucional le da libertad de andar etiquetando a la gente, y a mí me puso la de "intensa", y en algún momento quise darle una segunda pensada. Si no escucho no aprendo, así que intenté relajarme y pensar qué mierdas era eso. Significaba algo así como que me tomo todo demasiado en serio. Pensé entonces en lo anormal y desadaptativa de mi respuesta frente al triunfo de Trump. No estaba sólo asustada, sino severamente encabronada con la gente que no ha expresado abiertamente un desacuerdo. La gente que siguió publicando sus salidas y fiestas en Facebook y en Twitter, y que no se tomó tiempo para publicar una muestra de rechazo al futuro presidente, o solidaridad a quienes tiene ahora muertxs de miedo.

Estoy demasiado enojada. Tal vez soy demasiado sensible. Ya lo sé y siempre lo he sabido. Pero es desadaptativo, de verdad, y me está enloqueciendo. Me duele la indiferencia porque es la que nos va a llevar a la mierda como especie.

Antes de esto, me enfermaba (y todavía) toda la gente que jamás abre la boca para decir algo sobre feminismo si no es una crítica o inconformidad. Que obviamente no es una crítica constructiva sino un intento de descalificar el feminismo o a las feministas con fundamento en una falacia. A veces quiero bajarme del mundo, cual Mafalda, porque ven que nos están matando y no les importa. Así que sí, creo que soy bastante intensa. Y no sólo eso: me asquea la tibieza de quienes no hablan siquiera sobre las injusticias del mundo, me asquea su indiferencia y su poca empatía.

Pero cuando se lxs esté llevando la chingada ahí voy a estar, porque no tolero bien el sufrimiento ajeno. En ratos quisiera que a todo mundo le pegara aunque sea una vez directamente la injusticia, a ver si con eso se ablandan sus horrendos corazones de piedra, y sí, estoy enojada. Ojalá no me habitúe. Ojalá nunca me resigne.

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