2.11.09

Caballerosidad.

Glick y Fiske (1996) tienen un inventario de sexismo ambivalente, en el que miden qué tan sexista es una persona, desde dos puntos de vista: el hostil, que es el que conocemos normalmente como machismo, y el benevolente, que es el que conocemos como caballerosidad.

A mi ambos me molestan. Y un montón de gente me ha dicho que soy demasiado feminista por estar en contra de la "caballerosidad". Pero es que si lo analizamos en profundidad, la caballerosidad implica que la mujer es más débil, tanto, que necesita que alguien abra la puerta por ello.

Me ha tocado escuchar a muchos hombres, quejándose amargamente de que pedimos igualdad, pero queremos que sigan cediéndonos el lugar en el transporte público, y yo creo que tienen razón. Igualdad es igualdad, y hay que asumirla en todas sus formas.

Yo en particular, cedería mi asiento a cualquier mujer embarazada, pero no es porque sea mujer, sino porque para ella representa más cansancio estar parada. Lo mismo con la gente anciana, o con algún problema físico. Pero es amabilidad y cortesía, no caballerosidad. La caballerosidad implica una forma de sexismo más sutil, tanto que muchas quisieran que se mantuviera a lo largo de los siglos.

Pero yo abogo por la igualdad y la equidad, y éstas implican que yo no esté esperando que los hombres me traten como una inútil que necesita protección extra para cruzar un charco en la calle.

Entiendo que las mujeres estamos en una posición social vulnerable. Por ejemplo, la inmensa mayoría de las personas violadas, son mujeres. En ese sentido, entiendo que necesitamos una protección distinta. Pensar en eso es tener perspectiva de género, actuar en base a una realidad que nos guste o no, existe en nuestra cultura patriarcal y machista. Este tipo de problemas no se van a resolver con la caballerosidad. En realidad, resulta más que innecesaria, estorbosa para la equidad.

1 comentario:

Adília dijo...

Concordo consigo.
Sexismo é sempre sexismo seja hostil ou benevolente ou cavalheiresco como lhe chama. A mulher que aceita o sexismo benevolente não tem de se queixar quando este descambar para sexismo hostil.